(100 Años de su nacimiento)
Nació en la ciudad de México el 31 de octubre de 1914.
Nieto de escritor (Ireneo Paz)
los intereses literarios de Octavio Paz se manifestaron
Inició sus estudios en leyes en dicha ciudad
y los abandonó, junto con la casa paterna.
En 1936 Octavio Paz se trasladó a España
para combatir en el bando republicano
en la guerra civil, y participó en la Alianza
de Intelectuales Antifascistas.
En 1937 para ir a radicar a Yucatán como maestro rural.
Ese mismo año, se casó con Elena Garro (con quien más
tarde tuvo una hija) y partió con ella a España
para asistir, en Valencia, al II Congreso Internacional
de Escritores Antifascistas, al que había sido invitado.
Al regresar a México fue uno de los fundadores
de Taller (1938) y El Hijo Pródigo.
Amplió sus estudios en Estados Unidos en 1944-1945,
y concluida la Segunda Guerra Mundial,
recibió una beca de la fundación Guggenheim,
para, más tarde, ingresar en el Servicio Exterior mexicano.
Ahí conoció a varios escritores de importancia en su vida
como Luis Cernuda, Jorge Guillén, Pablo Neruda,
Julien Benda, Louis Aragon, entre muchos más.
De 1938 a 1941 permaneció en México bajo una intensa
actividad literaria. A finales de 1943 inició una serie de
viajes al extranjero que serán formativos en el desarrollo
En 1945 inició una carrera en el servicio diplomático
mexicano que duró 23 años. Su primer destino en el
extranjero fue París, ciudad en la que permaneció
Durante 1952 viajó por Japón y la India.
Entre 1953 y 1958 radicó en la ciudad de México
trabajando en la Secretaría de Relaciones Exteriores.
En 1959 fue nuevamente enviado a París,
Durante sus años de servicio Octavio Paz residió en París,
donde trabó amistad con André Breton
En 1962 fue trasladado a la India, en donde
más tarde ocupó el cargo de embajador.
En 1964 se casó con Marie-José Tramini.
En 1968 abandonó la embajada, como protesta
por la matanza de estudiantes que el gobierno mexicano
ejecutó en Tlatelolco, finalizando así su carrera diplomática.
A partir de entonces radicó en la ciudad de México,
en donde ejerció una sobresaliente participación en la vida
intelectual del país con la proyección e influencia que
le otorgaron el reconocimiento internacional que se ganó.
Poeta, narrador, ensayista, traductor, editor
y gran impulsor de las letras mexicanas,
Paz se mantuvo siempre en el centro de la discusión artística,
política y social del país. Su poesía se adentró en los terrenos
del erotismo, la experimentación formal y la reflexión
sobre el destino del hombre.
TITULOS POETICOS
Conforman su obra poética quince títulos: Luna silvestre (1933);
Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España (1937);
Entre la piedra y la flor (1941); Libertad bajo palabra (1949);
Águila o sol (1951); Semillas para un himno (1954);
La estación violenta (1958); Salamandra (1962);
Ladera este (1969); Topoemas (1971); Renga (1972);
Pasado en claro (1975); Vuelta (1976); Poemas (1979)
y Árbol de adentro (1987).
Su producción en prosa abarca once obras:
El laberinto de la soledad (1950); El arco y la lira (1959);
Cuadrivio (1965); Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín
de Esopo (1967); Conjunciones y disyunciones (1969);
El mono gramático (1974); Los hijos del limo (1974);
El ogro filantrópico (1979); Sor Juana Inés de la Cruz
o las trampas de la fe (1982); Tiempo nublado (1983)
y Hombres de su siglo (1984).
A grandes rasgos cabe distinguir tres grandes fases
en su obra: en la primera, el autor pretendía penetrar,
a través de la palabra, en un ámbito de energías
esenciales que lo llevó a cierta impersonalidad;
en la segunda entroncó con la tradición surrealista,
antes de encontrar un nuevo impulso en el contacto
con lo oriental; en la última etapa de su trayectoria lírica,
el poeta dio prioridad a la alianza entre erotismo
Junto con Pablo Neruda y César Vallejo, Octavio Paz
conforma la tríada de grandes poetas que,
tras el declive del modernismo, lideraron la renovación
de la lírica hispanoamericana del siglo XX.
En 1990 se le concedió el Premio Nobel de Literatura.
(100 Años de su nacimiento)
¿Por qué tocas mi pecho nuevamente?
Llegas, silenciosa, secreta, armada,
tal los guerreros a una ciudad dormida;
quemas mi lengua con tus labios, pulpo,
y despiertas los furores, los goces,
El mundo cede y se desploma
Entre mis ruinas me levanto,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente
contra invisibles huestes.
¿A qué esta lucha estéril?
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma
mas hace arder todas las formas
con un secreto fuego indestructible.
Pero insistes, lágrima escarnecida,
y alzas en mí tu imperio desolado.
Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,
tú, sin nombre, furiosa sustancia,
avidez subterránea, delirante.
Golpean mi pecho tus fantasmas,
y haces proféticos mis ojos.
Percibo el mundo y te toco,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
Nublan mis ojos imágenes opuestas,
otras, más profundas, las niegan,
aguas que anega un agua más oculta y densa.
En su húmeda tiniebla vida y muerte,
quietud y movimiento, son lo mismo.
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
la eléctrica frontera de la vida,
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra.
llévame entre los sueños,
unta mis ojos con aceite,
para que al conocerte me conozca.
Octavio Paz. México, 1940
(100 Años de su nacimiento)
A la orilla, de mí ya desprendido,
toco la destrucción que en mí se atreve,
palpo ceniza y nada, lo que llueve
el cielo en su caer oscurecido.
Anegado en mi sombra-espejo mido
la deserción del soplo que me mueve:
huyen, fantasma ejército de nieve,
tacto y color, perfume y sed, ruido.
El cielo se desangra en el cobalto
de un duro mar de espumas minerales;
yazgo a mis pies, me miro en el acero
de la piedra gastada y del asfalto:
pisan opacos muertos maquinales,
no mi sombra, mi cuerpo verdadero.
(100 Años de su nacimiento)
Dame, llama invisible, espada fría,
Arde, sombrío, arde sin llamas,
Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
(100 Años de su nacimiento)
El sol entre los follajes
y el viento por todas partes
llama vegetal te esculpen,
luz labrada por las sombras,
sombra deshecha en la luz.
(100 Años de su nacimiento)
el viento por los caminos
El cubo es negro El agua firme
El agua baja hasta los árboles
El cielo sube hasta los labios.
(100 Años de su nacimiento)
Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud que cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante.
Luz que no se derrama, ya diamante,
fija en la rotación del mediodía,
sol que no se consume ni se enfría
de cenizas y llama equidistante.
Tu salto es un segundo congelado
que ni apresura el tiempo ni lo mata:
preso en su movimiento ensimismado
tu cuerpo de sí mismo se desata
y cae y se dispersa tu blancura
y vuelves a ser agua y tierra obscura.
Del verdecido júbilo del cielo
luces recobras que la luna pierde
porque la luz de sí misma recuerde
relámpagos y otoños en tu pelo.
El viento bebe viento en su revuelo,
mueve las hojas y su lluvia verde
moja tus hombros, tus espaldas muerde
y te deshuda y quema y vuelve yelo.
Dos barcos de velamen desplegado
tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.
Tu vientre es un jardín petrificado.
Es otoño en tu nuca: sol y bruma.
Bajo del verde cielo adolescente.
tu cuerpo da su enamorada suma.
(100 Años de su nacimiento)
Por buscarme, Poesía, en ti me busqué:
deshecha estrella de agua,
Mas luego de tanta vuelta
las mismas aguas de espejo
en las que no he de beber;
y en el borde del espejo,
(100 Años de su nacimiento)
Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud que cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante.
Luz que no se derrama, ya diamante,
fija en la rotación del mediodía,
sol que no se consume ni se enfría
de cenizas y llama equidistante.
Tu salto es un segundo congelado
que ni apresura el tiempo ni lo mata:
preso en su movimiento ensimismado
tu cuerpo de sí mismo se desata
y cae y se dispersa tu blancura
y vuelves a ser agua y tierra obscura.
Del verdecido júbilo del cielo
luces recobras que la luna pierde
porque la luz de sí misma recuerde
relámpagos y otoños en tu pelo.
El viento bebe viento en su revuelo,
mueve las hojas y su lluvia verde
moja tus hombros, tus espaldas muerde
y te denuda y quema y vuelve yelo.
Dos barcos de velamen desplegado
tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.
Tu vientre es un jardín petrificado.
Es otoño en tu nuca: sol y bruma.
Bajo del verde cielo adolescente
tu cuerpo da su enamorada suma.
(100 Años de su nacimiento)
¿Por qué tocas mi pecho nuevamente?
Llegas, silenciosa, secreta, armada,
tal los guerreros a una ciudad dormida
quemas mi lengua con tus labios, pulpo,
y despiertas los furores, los goces,
El mundo cede y se desploma
Entre mis ruinas me levanto
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente
contra invisibles huestes.
¿A qué esta lucha estéril?
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma,
con un secreto fuego indestructible.
Pero insistes, lágrima escarnecida,
y alzas en mí tu imperio desolado.
Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,
tú, sin nombre, furiosa substancia,
avidez subterránea, delirante.
Golpean mi pecho tus fantasmas,
y haces proféticos mis ojos.
Percibo el mundo y te toco,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
Nublan mis ojos imágenes opuestas,
otras, más profundas, las niegan,
tal un ardiente balbuceo,
aguas que anega un agua más oculta y densa.
que nos arranca de la primer ceguera,
nace del mismo mar oscuro
la ola que nos lleva a la tierra:
quietud y movimiento son lo mismo.
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
la eléctrica frontera de la vida,
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma,
ni se demora sobre lo que engendra.
llévame entre los sueños,
unta mis ojos con tu aceite,
para que al conocerte, me conozca.
(100 Años de su nacimiento)
Déjame que me pierda entre palabras,
déjame ser el aire en unos labios,
un soplo vagabundo sin contornos
También la luz en sí misma se pierde.